<<¡Si yo sé que me vas a decir eso, mejor no te hubiera dicho nada!>>.
Paso seguido, el engreído esposo le replica con frases despectivas y algunas cayendo en el terreno de lo denigrante; generando en la sumisa esposa un estado emocional de dignidad herida cuyo mecanismo de defensa, fue el llanto. Esta anécdota verídica, que es incluso cotidiana, degeneró en tan humillante desenlace verbal, por causa de la actitud de entrega de la mujer, que dió la respuesta inapropiada, con la que además entrega en bandeja de plata su dignidad. Eso no es admisible, y es lo que voy a referir en este post.







su trabajo notificó como causa del retraso la cola de la autopista. Luego de unos segundos, algunos de sus compañeros rieron a más no poder al enterarse de la razón del congestionamiento vehicular, y es que el amigo narró que el chofer del carrito por puesto donde venía, volteó distraído a ver una pancarta de una mujer en traje de baño, y ..... ¡¡¡crash!!!, se produjo el choque. Por favor dispénsenme, pero ja, ja, ja, ja, ja, no puedo yo tampoco evitar reírme, no se si de la insensatez del chofer, o de la violación permanente a las leyes que permite esas vallas. Y, eso me da pie para anunciar mi tema de hoy, que llamo "el efecto retrovisor".







